Historia de las CivilizacionesAtlas del mundo antiguo

Siglo II a.C. – 79 d.C. · Pompeya, Campania

Las calles y los pasos de peatones de Pompeya: piedras y carros

Grandes bloques de piedra cruzan las calles de Pompeya de acera a acera. Eran pasos de peatones, y entre ellos pasaban los carros.

Redacción · · Actualizado

Las ruedas de los carros de Pompeya dejaron surcos en las piedras de la calzada tan profundos que, en algunos cruces, todavía se puede meter la mano en ellos. Y justo en los cruces aparecen también unos bloques de piedra altos y alargados, colocados de una acera a la otra, con huecos entre ellos. Quien camina hoy por las ruinas los usa sin pensar, saltando de uno a otro. Son los pasos de peatones de la ciudad romana, y explican mucho de cómo funcionaba una calle hace dos mil años.

Cómo eran las calles de Pompeya

Las calles principales de Pompeya estaban pavimentadas con grandes losas poligonales de piedra volcánica, encajadas como un rompecabezas. Esa piedra oscura y muy dura se sacaba de coladas de lava de la zona. A ambos lados corrían las aceras, elevadas sobre la calzada, a veces bastante más de lo que estamos acostumbrados hoy.

Por esas aceras se caminaba y en ellas se abrían tiendas, talleres, panaderías y mostradores de comida. Algunas tenían bancos de obra junto a las puertas de las casas importantes, donde esperaban quienes iban a pedir algo al dueño. En los bordes se ven todavía agujeros tallados en la piedra: servían para atar animales o, según algunos investigadores, para sujetar toldos.

Las calles se distinguen bien en el mapa de Pompeya: la Via dell’Abbondanza, de oeste a este, y la Via Stabiana, de norte a sur, son las dos grandes, y a su alrededor se organiza una red de calles más estrechas.

Los pasos de peatones de Pompeya: para qué servían

La explicación más extendida de las piedras pasaderas tiene que ver con lo que corría por la calzada. Pompeya no tenía un sistema de alcantarillado completo como el de Roma. Cuando llovía, el agua bajaba por las calles, que estaban inclinadas para que corriera hacia las puertas bajas de la ciudad. Y no solo agua de lluvia: también el agua que se desbordaba sin parar de las fuentes públicas y, con ella, barro, basura y excrementos de animales.

Los bloques permitían cruzar sin bajar al nivel de la calzada, a la misma altura que las aceras. Es la razón por la que a estos cruces de piedra se les llama a veces «paso pompeyano», y por la que muchos los presentan como el precedente lejano de los pasos de cebra.

Hay un detalle que muestra lo bien pensados que estaban. Los peatones cruzaban sin bajar ni subir, y el bordillo alto de la acera evitaba que el agua sucia entrara en las casas y las tiendas.

Uno, dos o tres bloques

No todos los pasos son iguales. En las calles estrechas hay un solo bloque en el centro. En las calles de anchura media hay dos, y en las más anchas, tres. El número dependía del espacio y del tráfico.

El hueco para las ruedas

Entre bloque y bloque queda un espacio libre. Por ahí pasaban las ruedas de los carros, mientras el cuerpo del vehículo y los animales de tiro pasaban por encima de las piedras. Eso significa que los carros de la ciudad tenían que tener una distancia entre ruedas bastante parecida, y que los pasos de peatones funcionaban a la vez como un pequeño reductor de velocidad: ningún carrero podía cruzarlos deprisa.

Las rodadas: el tráfico grabado en piedra

Los surcos que dejaron las ruedas son una fuente de información de primera mano. Indican por dónde pasaban los carros, con qué frecuencia y en qué dirección giraban.

El arqueólogo estadounidense Eric Poehler estudió en detalle esas marcas de desgaste en los bordillos, en las esquinas y en los propios pasos. Sus conclusiones, publicadas en The Traffic Systems of Pompeii (2017), apuntan a que la ciudad tenía calles de sentido único y normas de circulación que todo el mundo conocía, aunque no se haya encontrado ninguna señal escrita. Algunas calles estaban cerradas al tráfico con bloques o con bordillos, y la zona del foro era peatonal.

Esa organización es menos extraña de lo que parece. En Roma, una ley de época de Julio César prohibía los carros en la ciudad durante buena parte del día, salvo excepciones como los de las obras públicas. Por eso el poeta Juvenal se quejaba del ruido de los carros por la noche, que no dejaba dormir.

Fuentes, agua y calles

A lo largo de las calles de Pompeya hay decenas de fuentes públicas: un pilón de piedra con un caño, a menudo con una cabeza esculpida de la que salía el agua. Se colocaban en los cruces, de modo que casi nadie vivía lejos de una. El agua llegaba por un acueducto hasta un depósito junto a la Porta Vesuvio y de allí se repartía por tuberías de plomo.

Las fuentes rebosaban continuamente, y ese caudal acababa en la calzada. Así, la misma calle servía de camino, de cauce y de desagüe. En días de tormenta, algunas calles debían de convertirse en auténticos arroyos, y los pasos de peatones eran entonces la única manera de cruzar con los pies secos.

En las esquinas de los bloques de piedra de algunas fuentes se nota un desgaste suave en un lado: el roce de las manos de quienes se apoyaban para beber o llenar sus recipientes durante generaciones.

Calles con mensajes

Las paredes de las calles de Pompeya están llenas de escritos. Hay anuncios electorales pintados en rojo, en los que vecinos y gremios recomiendan a un candidato, avisos de combates de gladiadores, anuncios de alquiler y miles de grafitis rayados en el enlucido: saludos, insultos, versos, cuentas de lo que se debía en una taberna. Estos textos se han recogido en el Corpus Inscriptionum Latinarum, la gran colección de inscripciones latinas.

En el suelo, ante algunas puertas, se ven también incrustaciones de piedras blancas o trozos de mármol en la calzada. Una hipótesis es que reflejaban la luz de las lámparas y ayudaban a orientarse de noche. Es una explicación posible, no demostrada.

Cómo se construía una calle

Los ingenieros romanos sabían que una calzada duradera empezaba por debajo. Antes de colocar las losas se excavaba el terreno y se rellenaba con capas de piedras, grava y arena apisonadas, que daban firmeza y dejaban escapar el agua. Encima se asentaban los bloques de lava, tallados para encajar unos con otros sin mortero. Los bordillos, más altos y estrechos, se colocaban a los lados y sujetaban todo el conjunto.

El mantenimiento correspondía a los magistrados de la ciudad, los ediles, que también se ocupaban de los mercados y del orden en la vía pública. En Pompeya hay tramos con losas muy gastadas junto a otros recién reparados, lo que muestra que las calles se arreglaban por partes, a medida que se estropeaban. Algunas obras seguían en marcha en el año 79, como muchas otras reparaciones de la ciudad después del terremoto del 62.

Las piedras pasaderas se tallaban en el mismo tipo de roca y se encajaban en el pavimento con la parte de arriba plana, para poder pisar con seguridad. Su altura coincidía, más o menos, con la de las aceras de cada calle.

Calles romanas en otras ciudades

Pompeya no es la única ciudad con este tipo de cruces. Se han encontrado piedras pasaderas parecidas en Herculano y en otras ciudades del mundo romano, aunque en ningún sitio se conservan tantas como aquí. Las calles romanas comparten además otros elementos con las de ciudades griegas y orientales: el trazado en cuadrícula, que los romanos tomaron en parte de los griegos, o las aceras porticadas para dar sombra.

Para comparar, la página sobre la domus romana muestra cómo eran las casas que se abrían a estas calles, y la de qué comían los antiguos romanos habla de los mostradores de comida que ocupaban los bajos. Otros artículos sobre ingeniería antigua, como el de la noria de agua o el del canal de Corinto, están en la web, y la sección de la antigua Roma reúne todo lo relativo al mundo romano.

Los bloques siguen cumpliendo su función: cada día, miles de visitantes cruzan por ellos la Via dell’Abbondanza, pisando las mismas piedras que los pompeyanos del siglo I.

Preguntas frecuentes

¿Para qué servían las piedras en las calles de Pompeya?

Eran pasos de peatones. Permitían cruzar la calle sin bajar a la calzada, por donde corría agua de lluvia, agua de las fuentes y suciedad.

¿Cómo pasaban los carros por los pasos de peatones de Pompeya?

Las ruedas pasaban por los huecos entre los bloques y el cuerpo del carro y los animales por encima de ellos.

¿Por qué hay uno, dos o tres bloques en cada paso?

Depende de la anchura de la calle. Las estrechas tienen uno, las medianas dos y las más anchas tres.

¿Tenía Pompeya calles de sentido único?

Las marcas de desgaste de las ruedas indican que sí. El arqueólogo Eric Poehler ha estudiado ese sistema de tráfico.

¿Son los pasos de Pompeya los primeros pasos de cebra?

Suelen presentarse como un precedente, porque cumplían la misma función de cruce seguro. El paso de cebra moderno, con franjas pintadas, es del siglo XX.

¿De qué material eran las calles de Pompeya?

De grandes losas poligonales de piedra volcánica, con aceras elevadas a ambos lados.