Los chasquis, los mensajeros del Inca que corrían por los Andes
Corredores de relevo que unían Cusco con los confines del Tahuantinsuyo a pie, con una caracola, un quipu y un mensaje aprendido de memoria.
Redacción · · Actualizado
Un sonido grave de caracola baja por la ladera. En una pequeña casa de piedra junto al camino, un muchacho se pone en pie, se ajusta las sandalias y sale al encuentro de otro joven que llega corriendo. Durante un trecho corren juntos; el que llega repite el mensaje palabra por palabra, entrega un manojo de cuerdas anudadas y se detiene, agotado. El otro sigue solo hasta la siguiente posta. Así viajaban las noticias en el imperio inca, y los protagonistas de esa escena eran los chasquis.
El Tahuantinsuyo, el Estado de los incas, se extendía a lo largo de miles de kilómetros de cordillera, desde el sur de la actual Colombia hasta el centro de Chile. No tenía caballos, ni ruedas para el transporte, ni escritura alfabética. Para gobernar un territorio así hacía falta un sistema de comunicación rápido, y la respuesta andina fue humana: hombres jóvenes que corrían por turnos.
Quiénes eran los chasquis
La palabra chasqui (en quechua chaski) se suele relacionar con la idea de «recibir» o «dar y recibir», lo que describe bien su oficio: cada corredor recibía un mensaje y lo entregaba al siguiente.
Los chasquis no eran funcionarios de carrera ni soldados. Eran jóvenes de las comunidades campesinas próximas al camino, elegidos por su resistencia y su rapidez, que cumplían ese servicio como parte de la mita, el trabajo por turnos que cada comunidad debía al Estado. La posición que ocupaban en la sociedad se explica en el artículo sobre la pirámide social de los incas: pertenecían a los hatun runa, las familias campesinas, y su tarea era una forma de pagar tributo con el propio cuerpo.
Mientras servían en las postas, el Estado los mantenía con comida de sus almacenes. Los turnos duraban un tiempo y luego volvían a casa, sustituidos por otros jóvenes de la misma comunidad.
Cómo funcionaba el sistema de relevos
El secreto de los chasquis no era la velocidad de un solo hombre, sino la suma de muchos tramos cortos corridos a toda velocidad.
A lo largo del camino había pequeñas casas de posta, llamadas chasquihuasi («casa del chasqui»), separadas por distancias cortas, del orden de unos pocos kilómetros. Los cronistas dan cifras distintas y probablemente la distancia variaba con el terreno: no es lo mismo una llanura de la puna que una cuesta de mil escalones. En cada posta esperaban dos o más corredores, preparados para salir en cuanto oían llegar al compañero.
Para avisar de su llegada, el chasqui hacía sonar el pututu, una trompeta hecha con una gran caracola marina. El sonido viajaba lejos en los valles y daba tiempo al relevo para salir a su encuentro. Los dos corrían juntos el tiempo necesario para transmitir el mensaje, y el recién llegado se quedaba a descansar.
Mensajes orales y quipus
Los mensajes viajaban de dos maneras. Las órdenes y noticias breves se aprendían de memoria y se repetían de un corredor a otro. Para evitar errores, el mensaje tenía que ser corto y exacto, algo parecido a un juego del teléfono descompuesto en el que equivocarse podía tener consecuencias serias.
Los datos numéricos (cuántos hombres había en una provincia, cuánto maíz quedaba en un almacén, cuántas llamas tenía una comunidad) viajaban en quipus. Un quipu era un conjunto de cordeles de algodón o de lana colgados de una cuerda principal, en los que el color, la posición y el tipo de nudos registraban cantidades en un sistema decimal. El chasqui no necesitaba saber leerlo; bastaba con entregarlo intacto. Al final del recorrido, un especialista, el quipucamayoc, interpretaba la información.
Además de mensajes, se cuenta que los chasquis podían transportar objetos ligeros, y se repite a menudo que llevaban pescado fresco de la costa a la mesa del Inca en Cusco. Es una historia que aparece en libros desde hace siglos; ilustra bien la eficacia del sistema, aunque conviene tomarla como tradición más que como dato medido.
El Qhapaq Ñan, la red de caminos
Los chasquis corrían por el Qhapaq Ñan, el «camino del señor», la red de caminos del imperio inca. Era un sistema de rutas que unía Cusco con los cuatro suyus o regiones del Estado, con dos ejes principales de norte a sur, uno por la sierra y otro por la costa, y muchos ramales transversales. Su longitud total se calcula en decenas de miles de kilómetros.
Los incas no construyeron todo desde cero. Aprovecharon y conectaron caminos de culturas anteriores, como los de Wari, y los ampliaron con calzadas empedradas, escalinatas talladas en la roca, muros de contención, canales de drenaje y puentes. Los puentes colgantes de fibra vegetal permitían cruzar los cañones; uno de ellos, el de Q’eswachaka, sobre el río Apurímac, sigue renovándose cada año por las comunidades de la zona con técnicas tradicionales, una práctica que la UNESCO reconoció como patrimonio inmaterial en 2013.
Junto a las postas de los chasquis, el camino tenía tambos, edificios con almacenes y alojamiento donde descansaban los viajeros oficiales, los ejércitos en marcha y los funcionarios. En algunos lugares, centros administrativos mayores reunían cientos de depósitos.
En 2014 la UNESCO inscribió el Qhapaq Ñan en la lista del Patrimonio Mundial como un bien compartido por seis países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. Fue una candidatura conjunta poco habitual, y refleja bien la escala de lo que construyeron los incas. Uno de sus tramos más conocidos hoy es el sendero que termina en Machu Picchu, recorrido cada año por miles de excursionistas.
La velocidad de los chasquis
¿Cuán rápido llegaba un mensaje? Los cronistas del siglo XVI quedaron impresionados y dejaron estimaciones muy altas, en las que un mensaje cubría en pocos días distancias que a un viajero normal le llevaban semanas. El cronista Pedro Cieza de León, que recorrió los caminos andinos a mediados del siglo XVI, elogió la rapidez y el orden del sistema de postas.
Los historiadores tratan esas cifras con cautela. No hay mediciones de la época, y la velocidad dependía del terreno, de la altura y del clima. Lo que sí es razonable es que un sistema de relevos cortos, con corredores descansados y acostumbrados a la altitud, pudiera mantener durante días una velocidad media muy superior a la de cualquier viajero individual, a pie o a caballo, en una geografía tan quebrada.
Una curiosidad: en varias localidades andinas se organizan hoy carreras de relevos inspiradas en los chasquis, en las que los participantes recrean el sistema con el pututu y ropa tradicional.
La vestimenta de los chasquis y la vestimenta inca
La vestimenta de los chasquis era la de los hombres andinos comunes, adaptada a la carrera. Las piezas básicas de la ropa inca masculina eran:
| Prenda | Qué era |
|---|---|
| Unku | Túnica sin mangas que llegaba hasta las rodillas, tejida en una sola pieza |
| Yacolla | Manto o capa que se anudaba sobre los hombros |
| Usuta | Sandalia de cuero o de fibra vegetal, atada al pie con cordones |
| Chuspa | Bolsa pequeña de tela colgada del hombro, donde se llevaba la coca |
| Llautu | Cordón o banda trenzada que se enrollaba en la cabeza |
En el caso de los chasquis, las fuentes y la tradición destacan la túnica corta, las usutas, la chuspa y el pututu colgado. Algunos autores mencionan un tocado de plumas que permitía reconocerlos en el camino, pero las descripciones no coinciden.
Felipe Guamán Poma de Ayala, en su Nueva corónica y buen gobierno, terminada hacia 1615, dedicó uno de sus dibujos a los chasquis. En él se ve a un corredor con su pututu, y es una de las imágenes más reproducidas del oficio.
La vestimenta del Inca, en cambio, era única. El soberano llevaba unkus de cumbi, el tejido más fino del imperio, decorados con tocapus (pequeños cuadros con diseños geométricos), y su insignia era la mascapaicha, una borla roja que colgaba sobre la frente desde el llautu. Según las crónicas, nunca vestía la misma prenda dos veces. La distancia entre esa ropa y la del chasqui resume la distancia entre la cima y la base de la sociedad inca.
Los chasquis después de la conquista
El sistema de los chasquis no desapareció con la llegada de los españoles en 1532. Las nuevas autoridades comprendieron muy pronto su utilidad y mantuvieron durante décadas los relevos de corredores indígenas en los caminos, junto con los tambos, ahora sometidos a normas coloniales. Con el tiempo, el correo a caballo y las nuevas rutas fueron sustituyendo al viejo sistema, aunque el nombre de chasqui siguió usándose en los Andes para designar a los mensajeros.
La palabra ha sobrevivido también en el español de Perú y de otros países andinos, donde se usa para hablar de mensajeros y repartidores.
Los caminos que recorrían enlazaban territorios que los incas incorporaron desde la costa hasta el altiplano, donde se encontraban ruinas de culturas mucho más antiguas como Tiwanaku, con su célebre Puerta del Sol. Más páginas sobre los pueblos de la región se reúnen en la sección de incas y los Andes. Y si te interesan los caminos de otras civilizaciones, las calles y pasos de peatones de Pompeya muestran otra solución, muy distinta, al problema de moverse por una ciudad antigua.
Cada año, en Q’eswachaka, las comunidades vuelven a trenzar con fibra de ichu un puente colgante del mismo tipo que los que cruzaban aquellos corredores.
Preguntas frecuentes
¿Quiénes eran los chasquis?
Eran jóvenes corredores del imperio inca que llevaban mensajes y quipus por los caminos mediante un sistema de relevos. Procedían de las comunidades campesinas cercanas al camino y servían por turnos.
¿Qué significa la palabra chasqui?
Procede del quechua chaski y suele relacionarse con la idea de recibir o de dar y recibir, porque cada corredor recibía el mensaje y lo pasaba al siguiente.
¿Cómo funcionaban los chasquis?
Esperaban en casas de posta situadas a pocos kilómetros unas de otras. Al acercarse, el corredor tocaba el pututu; el relevo salía a su encuentro, corría a su lado mientras recibía el mensaje y continuaba hasta la siguiente posta.
¿Qué llevaban los chasquis?
Llevaban mensajes orales aprendidos de memoria, quipus con datos numéricos y, en ocasiones, objetos ligeros. Para anunciar su llegada usaban el pututu, una trompeta de caracola.
¿Cómo era la vestimenta de los chasquis?
Vestían como los hombres andinos comunes: túnica o unku corto, sandalias llamadas usutas y una pequeña bolsa o chuspa, además del pututu. Algunas descripciones mencionan un tocado de plumas.
¿Qué era el Qhapaq Ñan?
Era la red de caminos del imperio inca, con ejes por la sierra y por la costa y numerosos ramales. Desde 2014 es Patrimonio Mundial de la UNESCO, compartido por Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.
¿Qué era un chasquihuasi?
Era la casa de posta donde esperaban los chasquis su turno de carrera. Estaba junto al camino, separada de la siguiente por pocos kilómetros.