La cultura Paracas: historia, mantos, cerámica y herramientas
Siglos antes de los incas, en un desierto junto al Pacífico, un pueblo enterraba a sus muertos envueltos en algunos de los tejidos más complejos de la América antigua.
Redacción · · Actualizado
En 1925, el arqueólogo peruano Julio C. Tello y su colaborador Toribio Mejía Xesspe excavaban en un cerro de arena rojiza de la península de Paracas, en la costa sur del Perú, cuando dieron con tumbas en forma de botella excavadas en el subsuelo. Poco después aparecieron cientos de fardos funerarios: cuerpos sentados, envueltos en capa tras capa de tela. Aquellos hallazgos dieron nombre a una cultura que había florecido en ese desierto unos dos mil años antes y que hoy se conoce por sus tejidos, su cerámica y sus cráneos.
La cultura Paracas se desarrolló aproximadamente entre el 800 a.C. y los últimos siglos antes de Cristo, en lo que hoy es la región de Ica. Es, con Chavín, una de las culturas más antiguas y mejor conocidas del Perú, y la antecesora directa de la cultura Nazca, que heredó buena parte de sus técnicas y de sus imágenes.
Dónde vivía la cultura Paracas
La península de Paracas es una lengua de desierto que entra en el océano Pacífico al sur de la actual ciudad de Pisco. Parece un lugar imposible para vivir: casi nunca llueve y el viento levanta arena constantemente. Pero la corriente fría de Humboldt hace que el mar de la zona sea uno de los más ricos en peces del mundo, y a poca distancia hacia el interior corren ríos que bajan de los Andes, como el Pisco y el Ica, con valles cultivables en sus orillas.
Los habitantes de Paracas combinaban la pesca y el marisqueo con la agricultura en esos valles, donde cultivaban maíz, frijoles, calabazas, algodón y otras plantas. El algodón era esencial: con él, y con lana de camélidos traída de la sierra, fabricaban los tejidos que los hicieron famosos.
La sequedad extrema que dificultaba la vida tuvo una consecuencia afortunada para la arqueología: en el desierto, los tejidos, los cuerpos y las fibras vegetales se conservan como en pocos lugares del planeta.
Historia de la cultura Paracas: Cavernas y Necrópolis
Tello dividió la historia de la cultura Paracas en dos fases, según el tipo de tumbas que encontró.
Paracas Cavernas
La primera, llamada Paracas Cavernas, corresponde a las tumbas en forma de botella del cerro Colorado: un pozo vertical que se abre en una cámara subterránea donde se depositaban varios cuerpos, a veces decenas. La cerámica de esta etapa muestra la influencia del estilo Chavín, el gran centro religioso de la sierra norte, en algunos de sus motivos felinos.
Paracas Necrópolis
La segunda, Paracas Necrópolis, se asocia sobre todo al gran cementerio de Wari Kayan, en la misma zona, donde Tello y su equipo recuperaron 429 fardos funerarios. Cada fardo contenía un cuerpo en posición fetal, sentado en una cesta y envuelto en numerosas telas, mantos y ofrendas.
Los arqueólogos actuales discuten esta división. Muchos piensan que Cavernas y Necrópolis no son dos etapas sucesivas de una misma cultura en sentido estricto, y que la fase Necrópolis tiene relación con otra tradición de la región, llamada Topará. El debate sigue abierto, pero los nombres de Tello se siguen usando porque describen bien dos conjuntos de hallazgos muy distintos.
Los mantos de Paracas
Si hay algo por lo que se reconoce de inmediato la cultura Paracas son sus mantos. Se trata de grandes tejidos rectangulares de lana o de algodón, bordados con figuras repetidas en filas y columnas, en colores intensos que todavía hoy, después de más de dos mil años bajo la arena, conservan mucho de su brillo.
Las figuras representan seres que combinan rasgos humanos y animales: personajes con alas o con colas, figuras que vuelan con cabezas en la mano, felinos, aves, peces y serpientes. Se suelen interpretar como seres sobrenaturales, chamanes en trance o antepasados, aunque el significado exacto de muchas de ellas se desconoce. En algunos mantos, la misma figura se repite decenas de veces con pequeñas variaciones de color, siguiendo patrones que los especialistas siguen estudiando.
Fabricar un manto así requería un trabajo enorme: hilar, teñir con colorantes vegetales y animales, tejer el fondo y bordar después cada figura. Que los muertos importantes fueran enterrados con varios de estos mantos indica hasta qué punto los tejidos eran riqueza y prestigio en el mundo andino, algo que se mantuvo hasta la época de los incas.
Muchos textiles de Paracas salieron del Perú en el siglo XX. En las últimas décadas, algunos museos extranjeros, como el Museo de la Cultura del Mundo de Gotemburgo, en Suecia, han acordado devolverlos.
La cerámica de la cultura Paracas
La cerámica de la cultura Paracas, sobre todo la de la fase Cavernas, tiene una técnica muy característica: los diseños se incidían en el barro y, después de la cocción, se rellenaban con pinturas de colores elaboradas con resinas. Por eso los colores (rojos, amarillos, verdes, negros) aparecen dentro de zonas delimitadas por líneas grabadas, y por eso también se desprenden con facilidad.
Entre las formas más conocidas están las botellas de doble pico unidas por un asa en forma de puente, un tipo de recipiente que heredaría después la cerámica de Nazca. En la fase Necrópolis predominan vasijas de un solo color, crema o claras, mucho más sobrias.
La comparación con la cerámica Nazca es útil para distinguirlas: los alfareros de Nazca pintaban antes de cocer, con engobes de colores, lo que da a sus piezas un aspecto pulido y duradero. Es una de las innovaciones que marcan el paso de una cultura a otra, y se explica con más detalle en el artículo sobre las líneas de Nazca y la cultura Nazca.
Cráneos alargados y trepanaciones
Las imágenes de la cultura Paracas que más circulan son, con diferencia, las de sus cráneos. Hay dos prácticas distintas que conviene no confundir.
La deformación craneal
Muchos cráneos de Paracas son muy alargados. No se trata de una característica natural ni, por supuesto, de nada misterioso: es el resultado de una deformación intencionada. Durante los primeros meses de vida, cuando los huesos del cráneo todavía son blandos, se envolvía la cabeza de los bebés con vendas o se sujetaba entre tablillas, de manera que creciera con una forma determinada. La práctica era común en muchas sociedades antiguas de América y de otros continentes, y probablemente servía para marcar la pertenencia a un grupo o a un rango.
Las trepanaciones
La otra práctica es la trepanación: la apertura de un orificio en el cráneo de una persona viva. Los cirujanos de Paracas raspaban o cortaban el hueso con instrumentos de obsidiana, una roca volcánica que da filos muy cortantes. Se cree que lo hacían para tratar fracturas causadas por golpes, quizás en combates, y tal vez también por motivos rituales o para aliviar dolores.
Lo sorprendente es que muchos pacientes sobrevivieron. Se sabe porque en numerosos cráneos los bordes del orificio muestran hueso regenerado, algo que solo ocurre si la persona vivió meses o años después de la operación.
Herramientas de la cultura Paracas
Las herramientas de la cultura Paracas eran, sobre todo, instrumentos para obtener alimentos y para tejer. Entre los hallazgos habituales hay cuchillos y puntas de obsidiana, husos y piruros (contrapesos para hilar), agujas, restos de telares, redes, cestas y objetos de calabaza seca. Sus artesanos también trabajaron el oro en láminas delgadas para adornos.
No conocían el hierro ni la rueda, como el resto de las culturas americanas antiguas, pero dominaban técnicas textiles que los especialistas actuales siguen reproduciendo con dificultad.
Dónde ver la cultura Paracas hoy
Gran parte de los hallazgos de Tello se conserva en Lima, en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en el distrito de Pueblo Libre. En la región, el Museo Regional de Ica guarda fardos, cráneos y textiles, y en la propia reserva de Paracas hay un museo de sitio que lleva el nombre de Julio C. Tello.
Junto a la bahía de Paracas se ve también un gran dibujo grabado en la ladera de arena, el Candelabro, visible desde el mar. Su antigüedad y su autoría son discutidas: algunos lo relacionan con la cultura Paracas, otros lo creen mucho más reciente. Ese tipo de figuras gigantes en el suelo recuerda a las de Nazca, cuyos primeros antecedentes, en las pampas de Palpa, sí se atribuyen a gente de tradición Paracas.
La cultura Paracas forma parte de una larga secuencia de pueblos andinos que culminó con los incas; las demás se reúnen en la sección de incas y los Andes, donde también está la pirámide social de los incas. Para otra cultura del sur andino con un monumento emblemático, véase la Puerta del Sol de Tiwanaku.
Abrir y registrar un fardo de Wari Kayan, capa por capa, lleva semanas de trabajo de conservación, y casi un siglo después del hallazgo una parte de aquellos fardos sigue sin desenvolverse en los depósitos de Lima.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se desarrolló la cultura Paracas?
En la costa sur del Perú, en la península de Paracas y los valles cercanos de la actual región de Ica, al sur de Pisco.
¿Cuándo existió la cultura Paracas?
Aproximadamente entre el 800 a.C. y los últimos siglos antes de Cristo, cuando dio paso a la cultura Nazca. Las fechas varían según el autor.
¿Quién descubrió la cultura Paracas?
El arqueólogo peruano Julio C. Tello, que excavó en la península a partir de 1925 junto a Toribio Mejía Xesspe y descubrió las tumbas de Cerro Colorado y la necrópolis de Wari Kayan.
¿Por qué son famosos los mantos de Paracas?
Porque son grandes tejidos bordados con figuras de seres mitad humanos y mitad animales, en colores muy vivos, conservados durante más de dos mil años gracias a la sequedad del desierto.
¿Cómo era la cerámica de la cultura Paracas?
En la fase Cavernas, los diseños se incidían en el barro y se pintaban después de la cocción con pinturas de resina. Son típicas las botellas de doble pico con asa de puente.
¿Por qué los cráneos de Paracas son alargados?
Por una deformación intencionada: a los bebés se les vendaba o sujetaba la cabeza mientras los huesos eran blandos. No tienen nada de misterioso.
¿Qué herramientas usaba la cultura Paracas?
Cuchillos y puntas de obsidiana, husos y piruros para hilar, agujas, telares, redes y cestas, además de láminas de oro para adornos.