La cultura Tafí: menhires, casas de piedra y aldeas de Tucumán
Mucho antes de que los incas llegaran al noroeste argentino, campesinos y pastores de un valle de Tucumán levantaban casas circulares de piedra y grandes monolitos tallados.
Redacción · · Actualizado
En el valle de Tafí, en la provincia argentina de Tucumán, las nieblas suben desde la selva de las yungas y se quedan enganchadas en las laderas. Entre los pastos y los cercos de piedra de las estancias aparecen, si uno se fija, círculos de piedras alineadas: son los cimientos de casas que tienen casi dos mil años. Pertenecen a la cultura Tafí, una de las primeras sociedades de agricultores y pastores asentados del noroeste argentino.
Conviene aclarar algo desde el principio. La cultura Tafí es andina, porque vivió en los valles altos de la cordillera y compartió con otros pueblos de los Andes la agricultura de montaña y la cría de llamas, pero no tiene nada que ver con los incas. Desapareció varios siglos antes de que el Tahuantinsuyo existiera, y los incas solo llegaron a esta región en el siglo XV.
Dónde y cuándo vivió la cultura Tafí
El valle de Tafí está en el oeste de Tucumán, entre las sierras del Aconquija y las Cumbres Calchaquíes, a una altura de entre unos 1800 y 2500 metros sobre el nivel del mar. Es un valle de clima templado y húmedo para lo que es el noroeste argentino, con buenos pastos y agua abundante, rodeado de montañas que lo separan de la llanura tucumana.
Hoy Tafí del Valle es un pueblo de veraneo al que suben los tucumanos para escapar del calor de la llanura, conocido por sus quesos, una tradición que se remonta a las estancias de los jesuitas en la época colonial. Los restos de la cultura Tafí conviven con casas de veraneo, campos de pastoreo y caminos, y eso complica su protección: muchos sitios están en terrenos privados o junto a construcciones nuevas.
Los arqueólogos sitúan la cultura Tafí dentro del llamado Período Formativo del noroeste argentino, la etapa en que los grupos de cazadores y recolectores de la región dieron paso a aldeas permanentes con agricultura, ganadería y cerámica. Las dataciones disponibles colocan su desarrollo aproximadamente entre los siglos III a.C. y VIII d.C., con variaciones según el sitio y el autor.
Al mismo tiempo, en otros valles y quebradas cercanos se desarrollaban culturas emparentadas, como Condorhuasi, Ciénaga o Candelaria, cada una con su propio estilo de cerámica y de asentamiento. El arqueólogo Alberto Rex González, figura central de la arqueología del noroeste argentino, fue quien sistematizó esta secuencia y estudió Tafí en las décadas de 1950 y 1960.
Las aldeas y las casas de piedra
Lo más característico de la cultura Tafí es su forma de vivir en el paisaje. No construyeron ciudades ni grandes centros urbanos. Vivían en caseríos dispersos por el fondo y las laderas del valle, con cada vivienda rodeada de sus campos de cultivo y sus corrales.
Las casas tenían una planta muy particular: un patio central circular, grande y abierto, alrededor del cual se abrían varias habitaciones también circulares, como pétalos alrededor de una flor. Los muros eran de piedra, a menudo de doble hilera con relleno entre ambas caras, y los techos, que no se han conservado, eran de materiales vegetales y barro apoyados en vigas de madera.
En algunas casas se han encontrado tumbas bajo el suelo o en los muros. Enterrar a los muertos dentro del espacio doméstico era una forma de mantener cerca a los antepasados, una práctica que se repite en muchas sociedades andinas.
Además de las viviendas, en el valle hay montículos artificiales de tierra y piedra que se interpretan como espacios ceremoniales, donde probablemente se reunían varias familias para rituales comunes.
Agricultura y pastoreo
Los habitantes del valle cultivaban maíz, papa y porotos (frijoles), entre otras plantas, en terrazas y en campos delimitados por muros de piedra que todavía se distinguen en el paisaje. Esas estructuras de piedra servían para despedregar el terreno, contener la tierra y separar los cultivos de los animales.
La ganadería era tan importante como la agricultura. Criaban llamas, que daban lana, carne, cuero y transporte, y cuyos corrales se encuentran junto a las viviendas. Los pastos del valle y de las laderas altas eran ideales para ellas. La caza de guanacos y de otros animales completaba la dieta.
La cerámica de Tafí es, en general, sencilla: vasijas de uso doméstico, sin la decoración elaborada de otras culturas contemporáneas de la región. Para moler los granos usaban morteros y manos de moler de piedra.
Los menhires de Tafí
Los monumentos más famosos de la cultura Tafí son sus menhires: grandes piedras alargadas, clavadas verticalmente en el suelo. Algunos son lisos y otros tienen tallados rostros humanos, ojos, bocas y diseños geométricos. Los más grandes superan la altura de una persona.
Se cree que tenían un valor religioso y social: podían representar a antepasados, marcar lugares importantes o señalar la relación de cada grupo con su territorio. Muchos estaban asociados a las viviendas o a los espacios ceremoniales, y algunos se levantaban en el centro de los patios.
El naturalista y etnógrafo argentino Juan Bautista Ambrosetti fue de los primeros en describirlos científicamente a fines del siglo XIX. Su historia reciente no ha sido amable. Durante el siglo XX muchos menhires fueron arrancados de su lugar original y reunidos en un parque, junto a El Mollar, para exhibirlos ante los visitantes. Para los arqueólogos fue una pérdida grave, porque cada piedra perdió su contexto: ya no se sabe con certeza junto a qué casa o en qué patio estaba cada una. Algunos sufrieron daños con los traslados. Hoy se exhiben en un espacio protegido en El Mollar.
La idea de levantar piedras en el paisaje tiene paralelos en todo el mundo, desde Bretaña hasta los Andes centrales, y no implica ningún contacto entre esas culturas: es una respuesta muy humana a la necesidad de marcar lo sagrado de forma duradera.
La organización social
Del modo de organizarse de la gente de Tafí solo se sabe lo que dejan entrever las casas y los monumentos. La distribución dispersa de las viviendas, cada una con sus campos, sugiere una sociedad de familias extensas, sin una autoridad central fuerte. Algunas casas son más grandes que otras y algunas tienen menhires asociados, lo que podría indicar diferencias de prestigio entre linajes.
Conviene desconfiar de las listas que reparten a los habitantes de Tafí en «jefes», «chamanes», «guerreros» y «artesanos». Son reconstrucciones genéricas que se repiten en textos escolares, pero la arqueología no aporta pruebas tan precisas para una sociedad sin escritura de hace dos mil años.
¿Qué lengua hablaban?
No se sabe. La gente de Tafí no dejó escritura, y desapareció siglos antes de que llegaran los europeos. A veces se afirma que hablaban cacán (o kakán), la lengua de los diaguitas y calchaquíes. Es cierto que el cacán se hablaba en la región en el siglo XVI: lo mencionan, entre otros, el jesuita Alonso de Bárzana en una carta de 1594 sobre las lenguas de la gobernación del Tucumán, donde describe la variedad de idiomas que encontraron los misioneros. Pero entre el fin de la cultura Tafí y esos testimonios pasaron más de setecientos años, y atribuirles esa lengua es solo una hipótesis. El cacán, además, se extinguió durante la época colonial y se conoce muy poco de él.
Después de Tafí
Hacia el siglo VIII, la forma de vida de Tafí se transformó y el valle fue ocupado de manera distinta. En los siglos siguientes, el noroeste argentino vio surgir sociedades más grandes y jerarquizadas, como las de los valles Calchaquíes, con poblados fortificados como Quilmes.
En el siglo XV, el Tahuantinsuyo incorporó esta región al Collasuyo, la parte sur del imperio, y la recorrió con ramales del camino real por el que corrían los chasquis. Los incas trasladaron allí grupos de mitimaes, una figura que se explica en la pirámide social de los incas. La conquista española llegó en el siglo XVI y transformó por completo la población del territorio, un proceso que se resume en la página sobre la composición étnica de América.
Para situar a Tafí junto a otras culturas andinas anteriores a los incas, como Paracas en la costa peruana, puede recorrerse la sección de incas y los Andes.
En El Mollar, cerca del embalse de La Angostura, los menhires reunidos miran hoy hacia un lago artificial del siglo XX que sus constructores nunca conocieron.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se desarrolló la cultura Tafí?
En el valle de Tafí, en el oeste de la provincia de Tucumán, en el noroeste de Argentina, a una altura de entre unos 1800 y 2500 metros.
¿La cultura Tafí era inca?
No. Fue una cultura andina mucho más antigua, del Período Formativo del noroeste argentino. Los incas llegaron a la región en el siglo XV, varios siglos después de su desaparición.
¿Cuándo existió la cultura Tafí?
Aproximadamente entre los siglos III a.C. y VIII d.C., según las dataciones disponibles, aunque las fechas varían según el sitio.
¿Qué son los menhires de Tafí?
Son grandes piedras alargadas clavadas verticalmente, algunas talladas con rostros y motivos geométricos. Probablemente tenían un valor religioso y se relacionaban con los antepasados.
¿Cómo eran las casas de la cultura Tafí?
Tenían un patio central circular rodeado de habitaciones también circulares, con muros de piedra y techos de materiales vegetales y barro.
¿Qué lengua hablaba la cultura Tafí?
No se sabe. A veces se dice que hablaban cacán, la lengua documentada en la región en el siglo XVI, pero es una hipótesis sin pruebas directas.