Cómo eran las casas de los aztecas: historia para niños
Paredes de adobe, un fuego que no se apagaba y un baño de vapor junto a la puerta. Así vivían las familias de Tenochtitlan y de los pueblos del valle.
Redacción · · Actualizado
Lo primero que llamaría la atención al entrar en una casa azteca es lo poco que había dentro. Ni mesas, ni sillas, ni camas. Un fuego en el centro, unas esteras enrolladas contra la pared, ollas de barro, una piedra para moler maíz y, en un rincón, un pequeño altar con figuras de barro. Con eso se vivía, y se vivía bien.
Los aztecas, que se llamaban a sí mismos mexicas, fundaron su capital, Tenochtitlan, hacia el año 1325 sobre un islote del lago de Texcoco, en el valle de México. Allí está hoy el centro de Ciudad de México. Cuando los españoles llegaron en 1519, la ciudad era una de las más grandes del mundo, y sus casas sorprendieron mucho a los recién llegados.
Una ciudad sobre el agua
Para entender cómo eran las casas aztecas hay que imaginar dónde estaban. Tenochtitlan estaba cruzada por canales, como Venecia. La gente se movía a pie por calles de tierra y también en canoa por el agua. Tres grandes calzadas unían la isla con la orilla del lago, y un acueducto traía agua dulce desde el cerro de Chapultepec.
Alrededor de la isla, los mexicas construían chinampas. Una chinampa es un huerto artificial hecho dentro del lago: se clavaban estacas en el fondo, se rellenaba el espacio con barro y plantas, y se plantaban árboles en los bordes para que las raíces lo sujetaran todo. En esas tierras tan fértiles se cultivaban maíz, frijol, calabaza, chile y flores. Muchas familias campesinas vivían junto a sus chinampas.
La ciudad estaba dividida en barrios llamados calpulli. Cada calpulli tenía sus tierras, su templo y su escuela, y las familias de un mismo barrio se conocían y se ayudaban.
Las casas de la gente común
La mayoría de las familias vivía en casas sencillas de una planta. Muchas tenían una o dos habitaciones, y a menudo varias casas de parientes se agrupaban alrededor de un patio común: los abuelos, los hijos casados y los nietos compartían ese espacio al aire libre, donde se cocinaba, se trabajaba y jugaban los niños.
Los materiales
Los materiales dependían del lugar:
- Adobe. Ladrillos de barro mezclado con paja, secados al sol. Era el material más común en tierra firme.
- Bajareque. Paredes hechas con un entramado de cañas o varas cubierto de barro. Eran ligeras y se usaban mucho junto a las chinampas, donde el suelo blando no aguantaba paredes pesadas.
- Piedra. Se usaba sobre todo para los cimientos, para que la humedad no subiera por las paredes.
- Techos. Muchos eran de paja o zacate (un tipo de hierba) sobre vigas de madera; otros eran planos.
Las casas tenían pocas ventanas o ninguna, y la puerta solía ser un vano cubierto con una cortina o una estera. No había cerraduras. En una ciudad donde todo el barrio se conocía, robar en una casa era un delito castigado con mucha dureza.
El fogón, el corazón de la casa
En el centro de la casa estaba el tlecuil, el fogón. Se formaba con tres piedras colocadas en triángulo, llamadas tenamaztli, y sobre ellas se apoyaba el comal, un disco plano de barro en el que se cocían las tortillas. El fuego tenía también un valor religioso y se cuidaba mucho. Las piedras del fogón se consideraban sagradas, y en el valle de México todavía hoy se usa la palabra «tenamaste» para esas piedras.
Junto al fogón estaba el metate, una piedra plana e inclinada, y el metlapil, una especie de rodillo de piedra. Con ellos se molía el maíz cocido para hacer la masa. Era un trabajo que se hacía cada día y que llevaba horas.
Pocos muebles
Los aztecas se sentaban y dormían sobre petates, esteras tejidas con fibras de junco o palma. Por la noche se extendían en el suelo y por la mañana se enrollaban. Para taparse usaban mantas de algodón o de fibra de maguey, según lo que la familia pudiera permitirse.
La ropa y los objetos de valor se guardaban en cestos y cajas de caña con tapa, llamadas petlacalli. Las ollas y cántaros de barro servían para guardar el agua, el maíz y los frijoles. Solo las personas importantes se sentaban en un icpalli, una especie de asiento bajo con respaldo hecho de juncos.
Otro objeto que había en casi todas las casas era el telar de cintura. Una punta del telar se ataba a un poste o a un árbol y la otra a la cintura de la tejedora, que tensaba los hilos echándose hacia atrás. Las niñas aprendían a tejer desde pequeñas, y este tipo de telar se sigue usando en muchas comunidades de México y Guatemala.
El temazcal, un baño de vapor
Al lado de muchas casas había un temazcal, un pequeño baño de vapor con forma de cúpula o de casita baja, hecho de piedra o adobe. Dentro se calentaban piedras con fuego desde fuera y se les echaba agua para hacer vapor. La gente entraba agachada, sudaba y se frotaba con hierbas.
El temazcal servía para lavarse, pero también para curar. Se usaba mucho después de un parto y para tratar enfermedades, y se asociaba a la diosa Temazcalteci, «abuela de los baños». Hoy sigue habiendo temazcales en muchos pueblos de México.
Las casas de los nobles
Los nobles, los pipiltin, vivían de forma muy diferente. Sus casas se levantaban sobre plataformas de piedra, tenían muchas habitaciones repartidas alrededor de uno o varios patios, y las paredes se cubrían con estuco blanco y pulido que brillaba al sol. Algunas tenían dos plantas y techos planos, las azoteas, donde se podía subir a tomar el fresco o secar el grano. Dentro había jardines con flores y, a veces, estanques.
El palacio más grande de todos era el del gobernante, el tlatoani. Hernán Cortés, en sus Cartas de relación al emperador Carlos V, describió el palacio de Moctezuma con patios, jardines, estanques con aves acuáticas y hasta una casa de animales. Bernal Díaz del Castillo, uno de sus soldados, escribió muchos años después que al ver por primera vez la ciudad algunos se preguntaron si aquello era un sueño.
Un detalle que ayuda a imaginar la diferencia: en Tenochtitlan había normas sobre quién podía construir una casa de dos plantas, y la gente común no podía vestir ciertas telas ni adornos reservados a los nobles.
Cómo vivía una familia azteca
El día empezaba muy temprano. Las mujeres encendían el fuego y molían el maíz; los hombres salían a trabajar en las chinampas, a pescar o a su oficio de alfareros, carpinteros o plumajeros (los que hacían adornos con plumas de colores). Los niños ayudaban en casa desde muy pequeños: acarreaban agua, cuidaban a los hermanos o acompañaban a sus padres al mercado.
En el patio solían andar guajolotes, que es como se llama en México al pavo, y perros, entre ellos el xoloitzcuintle, un perro sin pelo que hoy es símbolo de México. Cuando los chicos y chicas cumplían cierta edad iban a la escuela del barrio. Los hijos de los nobles iban al calmécac, una escuela más exigente ligada a los templos, y los de la gente común, al telpochcalli.
Mucho de lo que se sabe sobre la vida en las casas aztecas viene de dos fuentes. Una es el Códice Mendoza, pintado hacia 1541 y conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, que dibuja a padres enseñando a sus hijos a pescar o a tejer. La otra es la obra de fray Bernardino de Sahagún, el llamado Códice Florentino, escrito con la ayuda de sabios nahuas. La arqueología completa el cuadro: el arqueólogo Michael E. Smith excavó casas de campesinos aztecas en Morelos, en sitios como Cuexcomate y Capilco, y encontró justo lo que cuentan los textos: casas pequeñas, ollas, figurillas y restos de hilado.
Casas de otras civilizaciones
Comparar ayuda a entender. En el antiguo Egipto las casas también eran de adobe y tenían azoteas donde se dormía en verano, como se explica en las casas del antiguo Egipto. En Roma, las familias ricas vivían en una casa con patio interior, la domus romana, que recuerda a las casas de los nobles mexicas.
Mucho antes que los aztecas, en el mismo valle de México, la gran ciudad de Teotihuacán ya tenía barrios enteros de casas de piedra con muchas habitaciones; su trazado se ve en el plano de Teotihuacán. Todas estas culturas se reúnen en la sección de Mesoamérica, y otras historias pensadas para lectores jóvenes están en historia para niños.
Después de la conquista española, en 1521, Tenochtitlan fue derribada y sobre ella se construyó la Ciudad de México. Sin embargo, muchas cosas de las casas aztecas siguieron vivas: el comal, el metate, el petate y el temazcal se siguen usando hoy, y sus nombres vienen del náhuatl, la lengua de los aztecas.
Preguntas frecuentes
¿Cómo eran las casas de los aztecas?
Las de la gente común eran pequeñas, de una planta, hechas de adobe o de cañas cubiertas de barro, con techo de paja o plano y con un fogón en el centro. Las de los nobles eran de piedra, con muchas habitaciones y patios.
¿Con qué materiales construían los aztecas sus casas?
Con adobe, cañas y barro (bajareque), piedra para los cimientos y paja o vigas de madera para los techos.
¿Dónde dormían los aztecas?
Sobre petates, unas esteras tejidas que se extendían en el suelo por la noche y se enrollaban por la mañana.
¿Qué era el temazcal?
Un baño de vapor pequeño, junto a la casa, que se usaba para lavarse y para curar enfermedades.
¿Qué muebles había en una casa azteca?
Muy pocos: petates, cestos y cajas de caña para guardar cosas, ollas de barro, el metate para moler maíz y un telar. Solo los nobles tenían asientos.
¿Dónde vivían los aztecas?
En el valle de México. Su capital, Tenochtitlan, estaba en una isla del lago de Texcoco, donde hoy está el centro de Ciudad de México.
¿Qué eran las chinampas?
Huertos artificiales construidos dentro del lago con estacas, barro y plantas, muy fértiles, junto a los que vivían muchas familias campesinas.